Joven de Acción Católica, periodista y escritor, en silla de ruedas durante más de 28 años, y ciego
durante sus últimos 9 años. Comunicador de alegría a los jóvenes desde su invalidez.
Cuando se presentó en Madrid su biografía, “Lolo, un ciego a los altares”, escrita por Juan Rubio
Fernández, el Cardenal Javierre decía: “Conociendo la predilección que nutre el Papa con los
jóvenes y enfermos, cabe imaginar el gozo con que Juan Pablo II habrá de dar su bienvenida a
Lolo, al hacer su ingreso en la Congregación de los Santos...”
Y añadía: “No es difícil suponer la alegría que le espera a Juan Pablo II viendo a un inválido
ascender a la gloria de Bernini. Conviene que la Congregación de los Santos convierta las
escaleras en rampas. No me consta de precedentes de una subida en silla de ruedas. Por ello me
encanta pensar que la Providencia haya reservado a “LOLO” el privilegio de semejante primado”.
1.- PERO ¿QUIÉN ES LOLO?
Lolo fue un joven de Acción Católica, Nació en Linares (Jaén. España) en 1920. A los 22
años una parálisis progresiva le sentó en un sillón de ruedas. Su inmovilidad fue total. Los últimos
nueve años, también ciego.
Pero Lolo fue un joven seglar, un cristiano que se tomó en serio el Evangelio, o como decía de él el
Padre Martín Descalzo: “Se dedicaba a ser cristiano. Se dedicaba a creer”.
Tan en serio se tomaba el Evangelio que un día el Hno. Robert de Taizé se acercó a su casa. Lo
vio. Lo oyó hablar. Miró aquel cuerpecillo agarrotado. Tomó la pluma y escribió, en la pantalla de
la lámpara que alumbraba desde el rincón la mesa donde Lolo trabajaba: “Lolo, sacramento del
dolor”.
Pero este joven de A.C., que mantuvo la perenne alegría en su permanente sonrisa, “varón
de dolores” y sin embargo sembrador de alegría en los cientos de jóvenes y adultos que se
acercaban a él en busca de consejo, tenía un secreto: “El secreto de Lolo”, es el título de la
biografía infantil en comic publicada por Blanca Aguilar.
Biografía del Beato Manuel Lozano Garrido, “Lolo”
2.- ¿CUAL ES EL SECRETO DE LOLO QUE LE HACÍA VIVIR LA ALEGRÍA EN EL
DOLOR?
(“La alegría vivida en el dolor”, biografía de Lolo).
Lolo había sido un joven amante del deporte y de la naturaleza; alegre en sus travesuras
infantiles y más alegre aún en sus juegos de juventud cuando comenzó a abrirse a la vida, a desear
“devorar” apostólicamente el mundo.
Se había formado apóstol en el centro de jóvenes de la Acción Católica de Linares por los años de
la década de 1930. “Para él la Acción Católica lo era todo”.
En la A.C. aprendió a amar con locura a la Virgen Nuestra Señora. De ella escribirá bellísimas
páginas llenas de ternura y filial amor a lo largo de sus 28 años de escritor y periodista inválido.
En la A.C. curtió su fervor eucarístico que le marcó para toda la vida. Ahí quedan sus escritos
sobre la fiesta del Corpus Christi, sobre el Jueves Santo o sobre el sacerdocio. Ya paralítico -desde
el balcón de su casa, situada justamente enfrente de las puertas de la Parroquia de Santa María de
Linares, donde él fue bautizado y donde ahora reposan sus restos mortales- desde el balcón hacía un
alto en sus trabajos de escritor paralítico y decía: “Ahora –frente a frente con el Sagrario- voy a
echar con Él un parrafillo”.
3. - LA EXPERIENCIA EUCARÍSTICA DE LOLO,
Que en su adolescencia le convirtió en otro “Tarsicio” llevando clandestinamente la
Eucaristía durante la guerra, se hace en él más profunda cuando pasa la noche entera del Jueves
Santo en prisión adorando al Señor Sacramentado que le habían pasado oculto en un ramo de flores.
La Eucaristía marcó a Lolo hasta los tuétanos. ¡Qué bellamente lo describe Martín Descalzo: “Misa
en casa de Manolo”!; porque Lolo, que había descubierto lo que la Eucaristía es para la Iglesia y en
la vida de cada cristiano, ya no podrá pasar sin tener cada día “Mesa redonda con Dios”; ese es
el título de uno de sus libros. La Eucaristía es para Lolo fortaleza en su debilidad y alegría en
su dolor, fuente de su inquietud apostólica y manantial para su pluma.
4. - APÓSTOL
Este Lolo, joven, apostólicamente comprometido en época de hostilidad e incluso de
persecución religiosa, recorre pueblos como propagandista de la Acción Católica; no duda en
lanzarse a evangelizar desde la radio; se enamora de Cristo y le dice: “Un préstamo: déjame tu
corazón... no para el egoísmo de realizarlo todo fácil y sin esfuerzo, sino para hacer bueno ese
deber que es amarte a tu medida”, como dice en “Las golondrinas nunca saben la hora”, otro de
sus libros.
Este Lolo, inquieto y andariego, recibe la visita del dolor: “Aparentemente el dolor cambió mi
destino de modo radical. Dejé las aulas, colgué mi título, fui reducido a la soledad y el silencio.
El periodista que quise ser no ingresó en la Escuela; el pequeño apóstol que soñaba llegar a ser
dejó de ir a los barrios; pero mi ideal y mi vocación los tengo ahora delante, con una plenitud
que nunca pudiera soñar”. Así escribe en “Cartas con la señal de la Cruz”.
5. - INVÁLIDO
Este apóstol de la A.C. recibe de Dios “la vocación de enfermo”: “Mi profesión: inválido”.
Y es tal su invalidez que día a día va perdiendo todos sus movimientos. Su cuerpo se convierte en
un amasijo retorcido de huesos doloridos; pero nunca se queja ni habla de sí mismo. Cuando
pierde el movimiento de la mano derecha, aprende a escribir con la izquierda. Cuando también la
izquierda se paraliza, dicta a un magnetófono y así se convierte en escritor y periodista incansable
desde su silla de ruedas.
6.- ESCRITOR Y PERIODISTA
Hay dos anécdotas que no quiero omitir. Cuando aún podía mover algo los dedos le
regalaron una máquina de escribir. ¿Lo primero que escribió en ella?: “Señor, gracias. La primera
palabra, tu nombre; que sea siempre la fuerza y el alma de esta máquina... Que tu luz y tu
transparencia estén siempre en la mente y en el corazón de todos los que trabajen en ella, para
que lo que se haga sea noble, limpio y esperanzador”.
Y cuando recibe permiso para que en su “mesa redonda” se pueda celebrar la Misa tuvo esta
corazonada: “Tráete la máquina de escribir”. -¿Para qué ahora? ¡Estás loco! – “Qué sí, ea;
aprisa; te la traes y la metes debajo de la mesa, para que así el tronco de la Cruz se clave en el
teclado y eche allí mismo sus raíces”.
¡Las raíces! ¡Y cómo arraigaron en su vida y cuánto fruto dieron!
7. - “SINAÍ”
Desde su rincón inmóvil, desde su silla de ruedas, Lolo se convierte en periodista y
escritor. Es más, funda una obra pía: “Sinaí”, grupos de oración por la prensa; cada 12 enfermos
junto con un monasterio de clausura toman sobre sí el “cuidado espiritual” de un concreto medio de
comunicación social y así hasta 300 enfermos incurables a los que Lolo une, alienta, a través de la
revista mensual que para ellos escribe. De este modo –igual que Moisés mientras oraba con los
brazos levantados en el Sinaí para ayudar a Israel- todos esos enfermos que “no pueden levantar ni
sus brazos ni andar con sus pies” se convierten sin embargo en apoyo cristiano y apostólico para
los periodistas.
Escribió el “Decálogo del periodista” y “La oración por los periodistas”, porque Lolo fue un
periodista cristiano desde una doble vertiente: porque habló de temas religiosos, pero
“muy también y más” porque supo hablar de todo y de cualquier cosa desde la doctrina de la
Iglesia, desde el enfoque de la fe: minería y urbanismo; escolarización, monocultivo y agricultura;
crónicas de la ciudad o evolución del universo...
8. - UN ENFERMO QUE TRABAJA CADA DÍA
Lolo “se hace” periodista y escritor. “Gano mi pan con el sudor de mi frente”, dice cuando
recibe uno de sus múltiples premios literarios. Escribe 9 libros de espiritualidad, diarios, ensayos,
una novela autobiográfica, y cientos de artículos en la prensa nacional y provincial.
Lolo es un trabajador dolorido o un enfermo que trabaja de sol a sol. En su vida se mezcla año tras
año, en una única trenza, el trabajo arduo y la enfermedad aguda. Pero en su vida, como su gran
secreto, está la piedad mariana y eucarística, de la que brota un amor apasionado por la
Iglesia y un apostolado incansable “sin moverse de su sillón de ruedas”.
. - SU AMOR A LA IGLESIA
Porque en Lolo, para concluir, hay que decir que se desarrolló, día a día, su amor a la Iglesia
al compás del caminar de los días en que la Iglesia “estaba en Concilio”. ¡Con qué avidez “leía” ya
ciego oyendo las crónicas y las reflexiones de los Padres y de los teólogos del Vaticano II y con
qué profundidad penetró en el espíritu conciliar!
10.- ALEGRÍA CONTAGIOSA
En su vida fue calando el valor del dolor como aceptación en paz y gozo de los planes de
Dios. Entonces su vida de cada día, su contacto con las gentes, se convierte en alegría contagiosa.
A los pies de la gruta de Lourdes, Lolo peregrino-enfermo, le dijo a la Señora: “Te ofrezco la
alegría, la bendita alegría”. Y la Señora sembró y multiplicó en él la semilla de la alegría, del buen
humor, que él trasmitía a quien se acercaba a su sillón de ruedas.
11.- LO EXTRAORDINARIO VIVIDO CON NORMALIDAD
En Lolo creció una dimensión de su vida que fue hacer de lo extraordinario (que eran
aquellos grandísimos dolores de su enfermedad; su médico le decía “eres el enfermo grave que goza
de más buena salud”), hacer que aquello extraordinario pareciera “ordinario” por la normalidad
rutinaria con que vivía sus circunstancias terribles. Lo extraordinario de Lolo es que aquella
situación tan dura él la convirtió en “aparente” normalidad. ¡Como si fuera un hombre sano y
fuerte! Era como un Job del siglo XX.
12. – CONSEJERO DE JÓVENES
Hasta su casa se llegaban personas de toda clase social y condición: intelectuales y
trabajadores; sacerdotes y enfermos... Pero sobre todo eran jóvenes los que más frecuentaban su
amistad. Para ellos tenía Lolo una sensibilidad especial. Para ellos era “el amigo siempre alegre, el
comunicador de alegría”.
Dice de él uno de aquellos jóvenes: “Afectuoso, sonriente..., se interesó por mi vida, por mi familia,
por mis proyectos, por mi trabajo...; me sinceré con él y le conté toda mi vida y mis inquietudes; y
me habló de un Dios PADRE que comprende y perdona; me habló de la necesidad de dar
testimonio cristiano, de lo indispensable que es el amor por los demás... y yo, cada vez que lo
visitaba, me iba sintiendo más alegre, encontrando la felicidad que yo buscaba...”. Y así se
expresan muchos de los jóvenes que se acercaban hasta él, estudiantes jovencísimos o mineros de
Linares, universitarios, oficinistas... El corazón de Lolo era tan grande que cada vez le iban
entrando más y más amigos.
13. DÍA 3 DE NOVIEMBRE DE 1971
Su vida se apagó el día 3 de noviembre de 1971. Era el día de San Martín de Porres, “Fray
Escoba”, el santo que había crecido en la santidad en un rinconcito del convento, como Lolo que
había vivido toda su vida en el metro cuadrado que ocupaba su sillón de inválido. Mientras, a su
lado, yo, Rafael Higueras Álamo, sacerdote y Consiliario de la Asociación de amigos de LOLO,
que tuve el gozo de estar 9 años cerca de él, rezaba con él el Padre Nuestro y decía con él a María
Santísima: “Ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte”. Y en esos
momentos se paró su corazón “que no le cabía en el pecho” como le decía el médico siempre que lo
auscultaba.
Doce años antes, el mismo día 3 de noviembre, Lolo había escrito: “Hoy el día sabe a andén de
ferrocarril, cuando llega el tren y se baja el amigo a quien hace mucho tiempo no veíamos. Ya tú
estás aquí, sentado junto a mi sillón, y yo te echo el brazo efusivamente por los hombros...” (Así
escribió en su libro “Dios habla todos los días”). Había llegado el momento del abrazo efusivo con
Dios a quien había amado y a quien, crucificado con su cruz de prolongada y dura enfermedad, él
se había ofrecido como amigo.
Quienes le conocieron en vida recogieron su herencia. Han reeditado todas sus obras escritas; han
constituido una asociación canónica que promueve su canonización. Habiendo conocido su
sencillez franciscana, quizá él ahora desde el cielo mire y se sonría con humor.
(Todo sobre el Beato Manuel Lozano en www.amigosdelolo.com)
Oración para pedir favores
Oh Dios, que abriste el tesoro inmenso de tu Amor a tu siervo Manuel para que él, sumergido en el dolor, desde su sillón de ruedas, lo proyectase a los hermanos con su testimonio y escritos.
Concédenos que le sepamos imitar en su aceptación dócil y esperanza ilusionada, cuando el sufrimiento llame a la puerta de nuestra vida, y en su generosidad plena y ardor apostólico, cuando tratemos de darnos a los demás;
Dígnate glorificar a tu siervo Manuel y concédeme por su intercesión el favor que te pido... Amén.