Podemos contemplar con el cardenal Newman a la Virgen María como cooperadora terrenal de nuestro redentor, como nuestra mediadora terrenal y como nuestra abogada celestial. Nos podemos preguntar cómo él reaccionaría hoy día frente a las peticiones de millones de católicos, incluidos numerosos obispos, pidiendo al Papa Juan Pablo II que defina dogmáticamente que María es Madre de Dios, Corredentora, Mediadora y abogada de la humanidad.
A primera vista, parecería que Newman, evitando la firma de cualquier petición, habría rechazado cualquier afirmación que sostuviese que María fue corredentora si dicha expresión significase pura y simplemente redentora: eso es lo que rechaza en las Notas de su Sermón. De una manera más general, el hubiese deseado, como en el caso de la Inmaculada Concepción en 1854, una consulta al orbe católico (Ker, 478). Él pensaría hoy, como en 1854, que una definición de este tipo por el Papa sería válida y lícita, aunque extraordinaria. El añadiría que sería luego recibido por un concilio, el modo normal de decidir sobre puntos de la fe, y en ese sentido, Newman fue un profeta: El Concilio Vaticano II recibió y proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción de María. (LG 56). Pero Newman, hoy, según indicó en su carta a Pusey, no prometería que no habría otras definiciones dogmáticas sobre María, porque el Espíritu sopla donde quiere, y uno no puede obligar al Espíritu Santo a mantener la paz ecuménica. (Ker, pp.571, 610, 651).
Hoy día Newman podría ser más sensitivo que cuando escribió esa carta, a la mención del nombre de María en la Misa Latina. El subrayaría el hecho de que desde el siglo V, nunca se ha celebrado una Misa en el mundo cristiano oriental u occidental en la cual no se mencione el nombre de María. Este hecho verdaderamente corresponde a la afirmación de que María es corredentora, mediadora y abogada, doctrina que claramente sostuvo y expresó en la misma carta a Pusey, y la cual observaremos más atentamente.
Cooperación en la salvación
Newman recibe el testimonio de los Padres del siglo II de Asia Menor, Africa, Roma y Francia: él escucha las voces de Justino, Ireneo y Tertuliano, quienes nos dicen que María no fue simplemente un instrumento en la Encarnación, como David. Por el contrario, ellos declaran que ella cooperó en nuestra salvación, no sólo por el descenso del Espíritu Santo a su cuerpo, pero por acciones santas específicas, el efecto del Espíritu Santo en su alma. Los Padres nos dicen que Eva fue causa de perdición para todos, María fue la causa de salvación para todos; según Eva cooperó para hacer un gran mal, María cooperó en la acción de un bien mucho mayor.
Newman resume su pensamiento en la siguiente bella declaración: “Ella cooperó en la salvación del mundo.” El piensa que el Capítulo 3 del libro del Génesis, con su promesa de un Salvador unido a una mujer, y el Capítulo 12 del Apocalipsis revelan la misión de la cooperación salvífica de María.
Verdaderamente, Newman recalca la indecible grandeza de Nuestro Señor solo en su Pasión y Muerte, solo en el Huerto, solo en la Cruz, solo en su Resurrección, y nos da a entender que herimos a María si le negamos esta incomunicable grandeza de Cristo como Dios en relación con ella, una criatura pura. Newman admitió que odiaba la perversa doctrina que le atribuía a María la parte correspondiente a Cristo solamente en el Misterio de la Redención. Sin embargo, como explica Francis Davis, Newman profundiza en el significado de las misteriosas palabras de Cristo a su Madre en Caná: “¿Qué tengo yo contigo, mujer?” Estas palabras son interpretadas por Newman (Dif 1:11, 149) como una indicación a su Madre al inicio de su ministerio público, sugiriendo que, hasta el final (SD, 39-6) cuando El tenga que ver con su Madre de nuevo, hasta la consumación del Misterio Pascual, ella no podrá participar directamente en sus obras. Sin embargo, ella podrá sufrir y orar y ofrecer estos padecimientos y oraciones por sus miembros. En otras palabras, Davis cree que para Newman, María cooperó interiormente, a través del ofrecimiento de sus sufrimientos y oraciones, en la redención del mundo. Esto significa que este ofrecimiento (mencionado tan frecuentemente por Juan Pablo II) constituyó un “acto específico y sagrado de cooperación con nuestra salvación. Expresado de otro modo, en el pensamiento de Newman, la cooperación de María fue secreta y misteriosa antes de ser manifestada pública y oficialmente por la Iglesia. En Caná “El pareció apartarse de la oración de su Madre, mientras que le concedía lo pedido.” (SD, 37).
Mediación:
Esta cooperación de María en la salvación del mundo implica su intercesión en la oración. Newman cita a Basilio de Seléucida cuando dijo que “María es mediadora entre Dios y el hombre”; mucho más que los demás santos, mucho más que los mártires, “ella les sobrepasa en brillo como el sol sobrepasa a las estrellas” El ha recibido una alta idea sobre María de los Padres y la liturgia griega: “Estrella de la mañana, madre de todos los vivientes, madre de la vida misma.” Esta es la razón, unida a su divina maternidad, del porqué su oración es tan poderosa para la salvación del mundo. Su función en la Iglesia es una de “perpetua intercesión a favor de los fieles.” Mientras el aguijón de la serpiente consiste en ser el tentador, el arma de la segunda Eva y madre de Dios es la oración. Para Newman, la mediación del poder intercesor de María es representado en aquellas imágenes, todavía existentes en Roma, de Ella con sus manos levantadas.
Así el Cardenal Newman sigue la línea de pensamiento de Ireneo acerca de María como la mediadora terrenal y nuestra abogada celestial, abogada de Eva, abogada de la Iglesia, abogada de cada uno de nosotros. El queda impresionado por el hecho de que a través de las liturgias orientales setenta millones de cristianos ofrecen peticiones a nombre de la Theotokos. El se conmueve por otros hechos doctrinales provenientes de occidente: la madre de Nuestro Señor intercede por aquellos cristianos que no la conocen. El cita a San Afonso María de Ligorio con beneplácito: “Dios no concede sus gracias si no es a través de María”, esto, es “a través de su intercesión.” El también cita a Suárez diciendo que la intercesión de María no sólo es útil, sino también necesaria; pero es cuestión de su intercesión, no de nuestra invocación a ella, ni de nuestra devoción a ella.
Tal es la doctrina del Cardenal Newman acerca de la cooperación de la Madre de Dios con nuestra salvación, sobre su mediación por las gracias que recibimos, sobre su intercesión como abogada en nuestro favor. Igual que la Inmaculada Concepción y la Asunción, este dogma está implícito en la declaración del siglo II de que María es la nueva Eva.
Podemos resumir sus ideas citando al arzobispo del siglo IV, San Proclo de Constantinopla: María es:
El altar dorado del holocausto, el único puente entre Dios y el hombre: recorre la creación en tu mente y mira si hay alguien igual o mayor que la Santa Virgen, Madre de Dios (Ensayo sobre el Desarrollo, ch. IV, sect. II § 11).
¿Considera Newman que esta doctrina ha experimentado crecimiento? Su respuesta negativa debe ser entendida y explicada. En esencia, ha sido única y la misma desde el principio. (Di ang, II, 79). Esto significa que cuando los Evangelios y los Padres anteriores al Concilio de Nicea la llaman “Madre de Jesús”, todo lo demás está implícito. Sin embargo, en el Ensayo sobre el Desarrollo, Newman admite que “en los primeros siglos no había reconocimiento eclesiástico del lugar que María ocupa en la economía de la gracia, esto estuvo reservado para el siglo V.” (Efeso)
Crecimiento en su expresión:
Admitimos con Newman que la doctrina sobre la cooperación, mediación e intercesión salvífica de María, a pesar de que permanece siendo en esencia única e igual, en sus raíces, ha experimentado un crecimiento en su expresión: los Padres Griegos en el siglo V son más explícitos sobre la mediación que los Evangelios e Ireneo. El crecimiento objetivo corresponde al aumento subjetivo de Santa María en la recepción y el estudio de la verdad, bellamente descrito en el Decimoquinto Sermón en la Universidad de Oxford: la Iglesia, como María.
Meditando en su corazón no lo piensa demasiado para aceptar la verdad, se recrea en ella; no suficiente con consentir, ella la desarrolla, no suficiente con someterla a la razón, razona sobre ella. En vez de razonar primero y creer después, como Zacarías, aún creyendo primero sin razonar, cercana al amor y la reverencia, razona después de creer… Así ella simboliza para nosotros no solo la fe de los sencillos, sino también de los Doctores de la Iglesia: 'María conservaba todas las cosas y las meditaba en su corazón.” (Lc. 2,51).
Si la Iglesia define dogmáticamente la cooperación privilegiada de la Madre de Dios con el único Redentor, en el trabajo de reparación, así como su mediación intercesora, Newman nos ayudaría con sus escritos y ejemplos, y mucho más con su propia oración, a comprender las bases, el significado. límites y finalidad exactos de dichas definiciones sin exageraciones , pero con una legítima disminución, y encontraríamos en sus trabajos materiales para defender y promover estas doctrinas. Newman nos podría decir sobre estas definiciones Marianas de la misma manera que el escribió sobe la infalibilidad papal antes de que fuera definida:
Si la Iglesia dice algo sobre eso, debe estar tan estrictamente formulado, con tales salvaguardas, condiciones y limitaciones, que añadan lo menos posible a lo que ya establecido. (28 sept. 1869).
En sus disertaciones a congregaciones mixtas en 1849, Newman concluye con estas palabras:
En ti, oh, María, el Altísimo realiza su propósito original. El pensó venir a la tierra en gloria celestial. Pero nosotros pecamos. Y seguramente no pudo visitarnos, excepto con un resplandor velado y una majestad ofuscada, porque El es Dios. Por tal razón, El vino en debilidad, y no en poderío. Y envió a esta criatura en su lugar, con la gracia y el esplendor de una criatura para conformarse a nuestro estado.