Madre de Dios y Virgen, te alabamos.
Tú eres la rama espiritual
que sostiene el fruto sabroso,
el racimo de la alegría inagotable
ofrecido a los que estaban tristes
por haber gustado el fruto del àrbol de la ciencia
(del bien y del mal)
¡Oh Santa, Inmaculada! Todos te alabamos.