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La
Virginidad Perpetua de
María
En los Santos y Padres de la Iglesia
La maternidad de María
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San Agustín - (354-430)
Obispo de Hipona (Africa). Escribió numerosas obras admirables por su doctrina y piedad. Contra Pelagio, defencdió la necesidad de la gracia para toda obra buena en el orden de la salvación. Obras principales: Confesiones, Comentarios a los Salmos, al Evangelio de San Juan, Sermones, Cartas, etc. Su fiesta se celebra el 28 de agosto. (
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Obras completas VII
, Ed. B.A.C., Madrid, 1983, Pág. 111- 123
Los judíos, peores que los ninivitas
A exponer todos los puntos leídos en el evangelio fuera poco el espacio de que disponemos, porque malamente si llega para uno cualquiera. El profeta Jonás, lanzado al mar y engullido por una bestia marina, que le vomitó sano al tercer día, es figura del Salvador, que padeció y resucitó al día tercero. Esto el mismo Salvador lo dijo. Dábale Cristo en rostro al pueblo judío con el ejemplo de los ninivitas, que, habiendo escuchado las amenazas del profeta, hicieron penitencia, calmaron el enojo de Dios y consiguieron misericordia.
Y, con todo, les decía el Señor, aludiendo a sí mismo: El que está aquí es superior a Jonás. Oyeron los ninivitas al siervo y enmendáronse; oyeron los judíos no al siervo, sino al mismo Señor, y no sólo no se corrigieron, antes le mataron. La reina del Mediodía, dice hará de acusadora en el día del juicio contra esta raza de hombres, y la condenará; por cuanto vino de los extremos de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón. Y, con todo, aquí tenéis quien es más que Salomón.
No era mucho para Cristo ser más que Jonás y Salomón; él era el Señor, y ellos siervos; pero ¿cuáles serán los despreciadores del Señor presente, si los extranjeros escucharon la voz de sus servidores?
Contra los que presumen del libre albedrío. Los siete espíritus peores
Y añade a la seguida:
Cuando el espíritu inmundo ha salido de algún hombre, anda por lugares áridos buscando dónde hacer asiento, sin que lo consiga. Entonces dice: "Tornaré a mi casa, de donde he salido." Y volviendo a ella, hállala desocupada, bien barrida y alhajada. Con eso va y toma otros siete espíritus peores que él y, entrando, habitan allí. Con que viene a ser el postrer estado de aquel hombre más lastimoso que el primero. Así ha de acontecer a esta raza de hombres perversísima. Para la cabal inteligencia de todo esto, fuera menester una exposición que haría larga por demás la plática; lo tocaré, sin embargo, someramente, según las luces que me otorgue el Señor, para no dejaros de todo punto ayunos acerca de este pa-saje. Cuando por los sacramentos se nos perdonan los pecados, se limpia la casa y viene a morar en ella el Espíritu Santo necesariamente; mas el Espíritu Santo no mora sino en los humildes de corazón. El Señor dice: ¿Sobre quién descansará mi Espíritu? Y responde a esta pregunta: Sobre el humilde y sosegado y el que oye con temblor mis palabras.
Cuando el Espíritu toma posesión de la casa, la llena, la gobierna, defiéndela, excita al bien, hace suave la justicia, para que haga el hombre lo bueno por amor a la rectitud y no por temor al castigo. El hombre de suyo es menos idóneo para esto; pero, morando el Espíritu en él, experimentará su ayuda en todos los bienes; mas si, orgulloso, después de haberle sido perdonados los pecados, presumiese alguien le bastan para vivir bien las fuerzas de su libre albedrío su misma soberbia echa fuera el Espíritu Santo, y la morada queda como limpia de pecados, pero vacía de todos los bienes. Los pecados fueron perdonados, careces de males; pero nadie, sino el Espíritu Santo, te llenará de bienes. Si presumes de ti, te abandona; si confías en ti, quedas entregado a ti mismo (donaris tibi). Aquella concupiscencia por la cual eras malo, arrojada del hombre, o digamos de tu alma, vaga por lugares áridos buscando cómo hacer asiento, y, no hallándolo, vuelve a casa y, hallándola limpia, toma consigo otros siete espíritus peores que ella, con lo que vienen las postrimerías del hombre a ser peores que los principios, etc. Toma consigo otros siete espíritus peores que él. ¿Qué significa otros siete? ¿Hay, por ventura, siete espíritus inmundos? ¿Qué significa esto? El número siete simboliza la totalidad. Todo se había ido y todo ha vuelto, y ¡ojalá volviera solo! ¿Qué significa el tomar consigo otros siete? Los que no tenía cuando malo, los tendrá siendo fingidamente bueno. Poned atención, a ver si puedo, presupuesto el auxilio divino, explicarlo. El Espíritu Santo manifiéstase por siete operaciones dentro de nosotros: Espíritu de sabiduría y entendimiento, de consejo y fortaleza, de ciencia y piedad y de temor de Dios. Frente a estos siete bienes pon un número igual de males: el espíritu de necedad y error, el espíritu de arrogancia —temeritas— y desidia —ignavia—, el espíritu de impiedad e ignorancia y el espíritu de soberbia contra el temor de Dios. Estos son los siete malos.
¿Cuáles son los siete peores? Los otros siete peores encuéntranse en la hipocresía. El espíritu de necedad es malo, peor es la simulación de la sabiduría; malo es el espíritu del error, peor el fingimiento de la verdad; malo es el espíritu de la temeridad, peor el fingimiento del consejo; malo es el espíritu de cobardía, peor es la simulación de fortaleza; malo es el espíritu de ignorancia, peor la simulación de ciencia; malo es el espíritu de impiedad, el fingimiento de la piedad es peor; malo es el espíritu de la soberbia, peor es el fingimiento del temor. Y si era recia cosa llevar siete, ¿quién puede llevar catorce? Es, por ende, necesario que, cuando se une a la maldad el fingimiento de la verdad, las postrimerías del hombre resulten peores que los principios.
Perpetua virginidad de María. A los padres
Todavía estaba él platicando al pueblo, y su madre y sus hermanos estaban fuera y le querían hablar. Por lo que uno dijo: "Mira que tu madre y hermanos están ahí fuera preguntando por ti." Pero él, respondiendo al que
se lo decía., replicó: “¿Quién es mi madre y quiénes mis hermanos?" Y mostrando con las manos a sus discípulos: "Estos, dijo, son mi madre y mis hermanos. Pues cualquiera que hiciere la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre."
se lo decía., replicó: “¿Quién es mi madre y quiénes mis hermanos?" Y mostrando con las manos a sus discípulos: "Estos, dijo, son mi madre y mis hermanos. Pues cualquiera que hiciere la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre."
Esto hubiese yo gustado fuera el tema de la plática; mas, no habiendo querido pasar en silencio sobre lo anterior, paréceme consumí ya buena parte del espacio disponible. En esto que ha poco propuse, hay muchos pliegues y nudos dificultosos; v. gr.: cómo nuestro Señor Jesucristo menospreció piadosamente a su Madre, no siendo ella una madre cualquiera, sino una tal madre, virgen y madre, a la que otorgó la fecundidad sin mengua de su entereza; virgen que concibe como madre y da a luz y queda virgen, y virgen que permanece perpetuamente. El menospreció a una tal madre para que no se mezclara el afecto materno en la obra que tenía entre manos y la impidiese. ¿Qué estaba él haciendo? Estábales hablando a los pueblos, destruyendo los hombres viejos, edificando los nuevos, librando las almas, soltando a los atados, iluminando las mentes ciegas; estaba, en fin, haciendo una cosa buena, y en ella ponía todo el calor de su obra y de su palabra. Estando en esto, se le anunció el afecto carnal. Oísteis ya su respuesta, ¿para qué voy a repetirla? Óiganla las madres para no estorbar con su afecto carnal las buenas obras de sus hijos; porque, si los estorban en ello y en sus obras se entrometen, serán menospreciadas por los hijos. Atrévome a decir que no hacerles caso será en los hijos piedad. Si ocupado el hijo en la buena obra viene su madre a estorbársela, ¿tendrá razón de lamentarse, casada o viuda que sea, habiéndolo sido la Virgen María? Pero me dirá: ¿Dónde vas a comparar con Cristo al hijo mío? Ni le comparo a él con Cristo ni a ti con María. No desaprobó nuestro Señor Jesucristo el afecto maternal, pero nos dio un alto ejemplo de posponer a la madre cuando se atraviesa en la obra de Dios. Era doctor enseñando y posponiendo, y dignóse desdeñar a la suya para enseñarnos el desapego hacia los padres estando de por medio el servicio de Dios.
Cristo y los dos sexos
Cristo, que pudo existir sin padre, ¿no pudo existir sin madre? Si convenía, o más bien porque convenía se hiciera hombre por el hombre el Hacedor del hombre, traed a la memoria de dónde sacó al hombre primero Hecho fue sin padre ni madre; mas quien tales comienzos pudo dar al linaje humano, ¿no fue poderoso a repararla de modo semejante? ¿Erale tan difícil a la Sabiduría, al Verbo de Dios, a la Virtud de Dios, al Hijo Unigénito de Dios, hacer el hombre que había de adaptar a sí de donde hubiese querido? Los ángeles mostráronse hombres a los hombres. Abrahán los alimentó, como a hombres les convidó y, a más de verlos, los tocó, pues les lavó los pies. ¿Por ventura todo aquello lo hicieron los ángeles bien como fantasmas de magia? Luego si pudieron los ángeles, cuando les plugo, tomar forma humana, ¿no podría el Señor de los ángeles hacer de lo que gustara el hombre verdadero que había de tomar? No quiso tener padre en cuanto hombre, para no venir a los hombres por medio de concupiscencia carnal; pero quiso tener madre, para enseñar a los hombres el piadoso menosprecio. Quiso tomar para sí el sexo masculino, y dignóse honrar el sexo femenino en su Madre; porque también la mujer había pecado, y ella propinó al hombre el veneno; ambos cónyuges fueron engañados por el demonio, y si Cristo hubiese sido varón sin contar con el sexo femenino, perderían las mujeres la esperanza, y más teniendo en cuenta que por la mujer había caído el hombre. Por eso honró a los dos, mostró aprecio a los dos y tomó de los dos. Nació varón de mujer. No perdáis la esperanza. Cristo se ha dignado nacer de mujer; a la salud por Cristo concurren uno y otro sexo: el hombre y la mujer, porque no hay ni hombre ni mujer desde el punto de vista de la fe. Cristo enseñó a menospreciar a los padres y también a quererlos. Entonces amas ordenada y piadosamente a los padres cuando no los antepones a Dios. El
que ama a su padre o a su madre más que a mí— son palabras del Señor— no es digno de mí. Estas palabras, así como están, parecen decir que no los ames; pero, si reparas en ellas, verás te dicen que los ames. Pudo haber dicho: El que ame a, su padre o a su madre, no es digno de mí; no lo dijo por no hablar contra la ley que había él mismo impuesto, ya que no fue otro quien por Moisés dio el mandamiento que dice:
Honra a tu padre y a tu madre. Ahora, pues, no ha promulgado ley nueva: encarecióte aquélla; ni echó al suelo la piedad, sino sólo mostró el orden del amor. El que ama a su padre o a su madre, pero más que a mí.
Ámalos, pero no más que a mí. Dios es Dios y el hombre es hombre. Quiérelos a los padres, muéstrate sumiso a los padres, honra a tus padres; pero, si te llama Dios a cosa mejor, para lo cual pueda ser obstáculo el amor a los padres, guarda el orden, no perviertas el orden del amor.
Contra los maniqueos sobre la Madre de Cristo
Y siendo tan verdadera la doctrina de nuestro Señor y Salvador, ¿quién pudiera imaginarse habían los maniqueos de tomar pie de ahí para decir calumniosamente que Cristo no tuvo madre? Ellos, los muy insípidos,
saben no haber Cristo tenido madre humana, bien que lo contradiga el Evangelio, luz de la verdad. Ved sus razonamientos. El mismo dice... ¿Qué dice? ¿Quién es mi madre o quiénes son mis hermanos? Niégalo él, y ¿tienes tú osadía de imponerle lo que niega él tener? El dice: ¿Quién es mi madre o quiénes son mis hermanos?; y tú dices: "Tiene madre." ¡Oh necio y abominable amigo de discusiones!, dime, ¿por dónde sabes tú haber dicho el Señor: ¿Quién es mi madre o quiénes son mis hermanos? Niegas haya Cristo tenido madre e intentas probarlo con las palabras: ¿Quién es mi madre o quiénes son mis hermanos: Y si viniese uno afirmando no haber Cristo dicho tal cosa, ¿por ventura le convencerías? Responde, si puedes, a quien te niegue haya Cristo dicho tal; porque lo mismo que uses para convencerle a él, valdrá para vencerte a ti. ¿Vino, por ventura, Cristo a decirte al oído que sí había dicho eso? Responde, y serás convencido por tus mismos labios. Demuéstranos haber Cristo dicho esas palabras. Vas a decir: Echaré mano del libro, abriré el Evangelio, recitaré las palabras escritas en él. Bien, bien! Pues yo hago lo mismo; voy a echar mano del Evangelio, y con el Evangelio te ataré y te ahogaré. Vamos, abre ya el Evangelio y recita lo que, a tu modo de ver, te favorece. ¿Quién es mi madre? La razón de haberlo dicho la tienes algo más arriba; estando él hablando, fue uno a decirle: tu madre y tus hermanos están afuera. Mas no quiero aún meterte en aprietos; aún no quiero echarte la mano y ahogarte, porque todavía puedes decir que no dijo verdad o dijo mentira quien le dio el aviso; por donde la réplica del Señor: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?, equivale a un mentís. Y ¿a quién hemos de dar fe: al mensajero o a Cristo, que rechaza el anuncio? Óyeme aún otra pregunta. No sueltes el Evangelio, no arrojes el libro; ten por él y da crédito al Evangelio, pues de no dárselo, ya no tienes modo de probar haya el Señor dicho: ¿Quién es mi madre? Y habiendo concedido al Evangelio la autoridad merecida, oye lo que te pregunto. Ha poco te preguntaba por dónde sabías tú que Cristo dijo: ¿Quién es mi madre? ¿Qué sucedió antes? Un correo le dijo: Ahí afuera está tu madre; pero ¿qué había pasado antes? Ruégote que leas...; mas veo tienes reparo en leer... Respondió el Señor y dijo... ¿Quién dijo? No pregunto quién dijo: ¿Quién es mi madre?, porque has de responder que lo dijo el Señor; sino quién dijo: Respondió el Señor... Habrás de contestar: El evangelista. Y el evangelista, ¿dijo verdad o mentira? Fuerza es respondas que dijo verdad o mentira. Respondió el Señor, y le dijo... Esta frase del evangelista, ¿es verdad o es mentira? Si afirmas que el evangelista mintió al decir: Respondió el Señor...,
pregunto yo: ¿Por dónde conoces tú haber dicho el Señor:
¿Quién es mi madre? Si toda la fuerza de tu razonamiento estriba en afirmar que Cristo dijo: ¿Quién es mi madre?, porque lo dice el evangelista, esa fuerza es nula no dando crédito al evangelista. Por donde, si das fe al evangelista —nada vale lo que dices si se la niegas— , lee lo dicho antes por el mismo evangelista.
Prosigue la misma materia
¡Mucho te hago esperar!; Cuánto espacio te tengo en suspenso! Hágalo en provecho tuyo, por que más pronto seas vencido. Atiende, mira, lee. Veo no quieres; saca el libro, yo leeré...
todavía estaba él platicando al pueblo... ¿Quién dice esto? El evangelista, al cual, si no le crees, Cristo no ha dicho nada, y si Cristo no ha dicho nada, tampoco dijo: ¿Quién es mi madre?; pero si Cristo dijo: ¿Quién es mi madre?, el evangelista dijo la verdad. Veamos, pues, lo que dijo: todavía estaba él platicando al pueblo, y ved ahí que su madre y sus hermanos estaban fuera y le querían hablar. Elmensajero de quien puedes afirmar le dijo mentira, aun no le había dicho nada. Para mientes en lo que anunció y en lo que dice antes el evangelista: Todavía estaba él platicando al pueblo, y ved ahí que su madre y sus hermanos estaban fuera. ¿Quién dice esto? El evangelista, a quien tú crees haber dicho el Señor: ¿Quién es mi madre? Y, de no creerlo todo por igual, el Señor no ha dicho tampoco: ¿Quién es mi madre? Presta crédito, pues, al que dijo haber dicho el Señor: ¿Quién es mi madre?, pero el que refiere que dijo el Señor: ¿Quién es mi madre?, es el mismo que escribió: Todavía estaba él platicando al pueblo, y ved ahí que su madre estaba fuera... ¿infiérese de ahí que negó a su madre? ; Ni por ensoñación! Entiéndelo bien: no negó a su madre; antepuso a su madre lo que estaba haciendo. Lo último es averiguar por qué dijo el Señor: ¿Quién es mi madre?; lo primero es ver que tuvo de quién decirlo. La tuvo, estaba fuera y quería hablarle. Dime: ¿por dónde lo sabes? Díjolo el evangelista, al cual, si no le doy fe, no puedo afirmar haya dicho el Señor ni lo uno ni lo otro. Luego tuvo madre. Pero ¿qué significa el haber dicho: ¿Quién es mi madre? En lo que yo estoy haciendo, ¿quién es mi madre? Si a uno que se halla en un inminente peligro y tiene padre le dices: "Tu padre te libre", sabiendo no puede su padre hacerlo. ¿No te responderá con sumo respeto a su padre, mas también con suma verdad: "¿Quién es mi padre? Para esto que ahora quiero, para esto que ahora necesito, ¿qué vale mi padre?" En aquello, pues, que Cristo estaba haciendo de soltar a los atados, iluminar las inteligencias, edificar los hombres interiores, fabricarse un templo espiritual, ¿quién era su madre? Si por haber Cristo dicho: ¿Quién es mi madre?, vais a deducir que no tuvo madre, también diréis que los discípulos no tuvieron padre, pues el Señor les dice: No llaméis a nadie vuestro padre sobre la tierra —son palabras del Señor—; no llaméis a nadie vuestro padre sobre la tierra, pues uno solo es vuestro Padre, el cual está en los cielos.
Tuvieron padres, mas cuando se ha de ir a la regeneración, bús-quese al padre de la regeneración; no se niegue al padre de la generación, pero antepóngasele el padre de la regeneración.
Fundamento de la excelencia de María
Os ruego, hermanos míos, paréis mientes, sobre todo, en lo dicho por el Señor, extendiendo su mano hacia los discípulos:
Estos son mi madre y mis hermanos. Y el que hiciere la voluntad de mi Padre, que me ha enviado, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre. ¿Por ventura no hizo la voluntad del Padre la Virgen María, que dio fe (a las palabras del ángel: fide credidit) y por la fe concibió y fue escogida para que, por su medio, naciera entre los hombres nuestra Salud, y fue creada por Cristo antes de nacer Cristo de ella? Hizo, hizo por todo extremo la voluntad del Padre la santa Virgen María, y mayor merecimiento de María es haber sido discípula de Cristo que madre de Cristo. Mayor ventura es haber sido discípula de Cristo que madre de Cristo. María es bienaventurada porque antes de parirle llevó en su seno al Maestro. Mira si no es verdad lo que digo. Pasando el Señor seguido de las turbas y haciendo milagros, una mujer exclama: Bienaventurado el vientre que te llevó; y el Señor, para que la ventura no se pusiera en la carne, responde: Bienaventurados más bien los que oyen la palabra de Dios y la ponen en práctica.
María es bienaventurada, porque oyó la palabra de Dios y la puso en práctica; porque más guardó la verdad en la mente que la carne en el vientre. Verdad es Cristo, Carne es Cristo: Verdad en la mente de María, Carne en el vientre de María, y vale más lo que se lleva en la mente que lo que se lleva en el vientre. Santa es María, bienaventurada es María, pero aun es mejor la Iglesia que la Virgen María. ¿Por qué? Porque María es una porción de la Iglesia, un miembro santo, un miembro excelente, un miembro supereminentísimo; mas, al fin, un miembro de todo el cuerpo, y es más el cuerpo que un miembro. La cabeza es el Señor, y todo Cristo es la cabeza y el cuerpo. ¿Qué diré? Tenemos una cabeza divina; tenemos a Dios por cabeza.
Cómo puede ser el cristiano madre de Cristo
Así, pues, hermanos míos, reparad en vosotros mismos. También vosotros sois miembros de Cristo, también vosotros sois el cuerpo de Cristo; y mirad en qué modo sois lo que dice:
He ahí a mi madre y a mis hermanos. ¿Cómo seréis madre de Cristo? Cualquiera que oye y cualquiera que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre. Comprendo diga hermanos y hermanas, porque una es la herencia por la misericordia de Cristo, que, siendo único, no quiso ser solo, antes le plugo fuésemos herederos del Padre y coherederos suyos, herencia tal que, no por ser muchos los herederos, puede achicarse. Comprendo, pues, seamos nosotros hermanos de Cristo, y que las hermanas sean las mujeres santas y fieles; pero ¿cómo entender seamos también madres de Cristo? Nos ha llamado a todos hermanos y hermanas de Cristo, y ¿no me atreveré yo a llamarnos madres de Cristo? Sí, por cierto. Pero ¿cómo, aun habiéndoos llamado a todos hermanos de Cristo, me atreveré a llamaros madres de Cristo? Pues aun me atrevo menos a negar lo que dijo Cristo. Ea, carísimos, entended cómo la Iglesia, que es cosa averiguada ser esposa de Cristo, es también madre de Cristo.
La Virgen María la precedió figurativamente. ¿Por qué, decidme, María es madre de Cristo, sino por haber dado a luz los miembros de Cristo? Vosotros, a quienes estoy hablando, sois los miembros de Cristo. ¿Quién os dio a luz? Escucho la voz de vuestro corazón: la madre Iglesia. Esta santa y honrada madre, por modo semejante al de María, da a luz y es virgen. Que da a luz, pruébolo por vosotros mismos: habéis nacido de ella; y alumbra también a Cristo, porque vosotros sois miembros de Cristo. He probado su calidad de madre; os demostraré su condición de virgen; no me falta el testimonio divino: no me falta. Adelántate hacia el pueblo, ¡oh bienaventurado Pablo! Sé testigo de mi aserción. Levanta la voz y di lo que yo quiero decir:
Os tengo desposados con este único esposo, Cristo, para presentaros a él como una casta virgen. ¿Dónde está esta virginidad? ¿En qué se teme la violación? Os tengo desposados con este único esposo, Cristo, para presentaros a él como una casta virgen; pero temo, dice, que así como la serpiente engañó a Eva con su astucia, así sean maleados vuestros espíritus y degeneren "de la castidad" que hay en Cristo.
Conservad en la mente la virginidad de la mente. La virginidad es la integridad de la fe católica. Donde fue corrompida Eva por la astucia de la serpiente, allí debe ser virgen la Iglesia por don del Omnipotente. Luego dad a luz en la mente a los miembros de Cristo, como la Virgen María alumbró de su vientre a Cristo, y así seréis miembros de Cristo. No es cosa difícil para vosotros, no es cosa sobre vuestras fuerzas, no es cosa de imposible alcance para vosotros. Fuisteis hijos, sed también madres; hijos, cuando fuisteis bautizados; entonces nacisteis en cuanto miembros de Cristo. Llevad al baño del bautismo a los que podáis, para que, así como fuisteis hijos cuando nacisteis por este modo, así, llevando a otros a nacer, seáis también madres de Cristo.
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