Las glorias de María
Así llamó San Alfonso María de Ligorio, doctor Mariano de la Iglesia, a
su insuperable libro sobre la Santísima Virgen. Hoy, en la misma lucha que él,
nos alimentamos de sus verdades, con las de muchos otros santos y papas, a fin
de que nuestra generación no cometa el nefasto pecado de olvidar las maravillas
que Dios ha hecho en Ella (Lc I, 46) Porque en nuestros días se ocultan, ignoran
y desprecian los privilegios y prerrogativas de la Madre Santísima de Dios y
nuestra. Se pretende mostrarnos solamente una María muy santa, de vida ejemplar,
olvidando lo que bien llamó San Alfonso: sus glorias. Y hasta algunos mariólogos
“afamados” han osado decir que se debe dejar de lado la que ellos llaman
“mariología de los privilegios” para enseñar solamente la “mariología del
servicio” una división verdaderamente satánica que está llevando a muchas
herejías, blasfemias y sacrilegios, en su pretensión de crear una María que
pueda ser aceptada por los protestantes.
Gracias a Dios, la Santísima Virgen cada día atrae más a sus santuarios del mundo entero, que se
multiplican con sus innumerables manifestaciones. Gracias a Dios, el Rosario se
sigue rezando en las casas de familia en grupos fervorosos. Pero eso no basta,
Dios pide nuestra oración y nuestra acción. Invitamos a todos nuestros hermanos
(y quiera Dios que esta humilde carta llegue a muchos, de muchos países) a
conocer y difundir lo que la Iglesia de siempre ha proclamado a través de su
Magisterio y el testimonio de los santos de todos los
tiempos. Y a fin de ayudar en esta lucha, les hacemos llegar esta profesión de
fe en los privilegios de María Ssma, presentado por un sabio obispo de nuestros
tiempos, que profesa nuestra fe en los principales privilegios de María
Santísima:
Credo
Mariano
¡María, Madre de Dios y Madre nuestra amabilísima!
Creo en tu maternidad divina, en tu perpetua
Virginidad,
en tu Inmaculada Concepción,
en tu misión de Corredentora junto a tu Hijo
Jesús.
Creo en tu Asunción y glorificación celestial en cuerpo y
alma,
porque eres la Madre del Resucitado
e imagen de la Iglesia que tendrá su cumplimiento
en el retorno glorioso de Cristo.
Creo en tu Maternidad espiritual
que, donando a Jesús, nos engendra a la vida
divina,
en tu Maternidad eclesial,
porque precedes y acompañas a la Iglesia
en el camino de la fe y del amor.
Creo en tu Realeza Universal, en tu misión de Mediadora
y Dispensadora de toda gracia y don que viene de
Dios,
en tu presencia de amor junto a cada una de las
criaturas
como Madre, Auxiliadora, Consoladora.
¡Venga pronto “tu hora”, oh María,
por el triunfo en toda la tierra del Reino de tu
Hijo,
que es Reino de santidad, de justicia, de amor y de
paz!
Marcelo Morgante
Obispo de Ascoli-Piceno,
Las Marcas de Ancona, Italia.
giorgiosernani@speedy.com.ar