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" “Es obra tuya. Tú nos has juntado, a pesar de los obstáculos que nos han puesto... Así pues contamos con tu ayuda en este momento y con ella contaremos siempre”." ( San Marcelino Champagnat )

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Nuestra Señora del Sagrado Corazón

1855

Francia

 

NUESTRA SEÑORA

DEL SAGRADO CORAZÓN

 

 

 

El P.  Chevalier regresa de Ars reconfortado.  No sólo consolado,  sino verdaderamente renovado ("Era un hombre nuevo..", dice el P. Piperon). Comprende que esa prueba, que casi lo aplastó así como a su obra, era eso: una prueba. Entonces, nada: no ha pasado nada. Dios le pide no sólo mantener su obra, sino seguir adelante. Después de 18 meses en la oscuridad, el camino - que permanece largo y difícil - le aparece libre de nuevo y soleado. Todavía hace una peregrinación a Paray-le-Monial, la fuente de todo lo que ha sido revelado sobre el  Sagrado  Corazón.  Allí  lo  reciben fraternalmente, calurosamente. Y vuelve lleno de energía y entusiasmo.

 

 Y los diez años siguientes (1859-1869) serán verdaderamente los años "Gloriosos" para la  Congregación.  La Basílica  se levantará rápidamente. Nuevos miembros se unirán a la pequeña comunidad y, entre ellos, algunas grandes figuras darán a la Sociedad   un   auge  imponente.   Las muchedumbres acuden ahora a Issoudun. Para darle seguimiento a su peregrinación, se da a conocer una revista: consigue rápidamente una tirada numerosa, y da a conocer Issoudun en la Francia entera. Pero la apoteosis será el 8 de septiembre de 1869: en presencia de una muchedumbre enorme y de 15 obispos, la coronación en nombre del Papa Pío IX de la estatua de Nuestra Señora del Sagrado Corazón.

 

¡Ah!  Nuestra Señora del  Sagrado Corazón! "Es ella que lo ha hecho todo..", tenía por costumbre decir el P. Chevalier. Y hay que reconocer que el auge rápido de la Congregación está a la par de la expansión de ese nuevo nombre dado a la Madre del Salvador. Para muchos, Issoudun es, ante todo, el lugar bendito donde se va orar a Nuestra Señora del Sagrado Corazón con una confianza absoluta. Por eso, antes de hablar de los acontecimientos y de las personas que labraron esa época, tenemos que ver primero el origen y la historia de ese título glorioso de "Nuestra Señora del Sagrado Corazón".

 

Nos es difícil precisar en qué momento el P. Chevalier tuvo la intuición de dar ese nuevo nombre a María. El P. Piperon piensa que fue el 9 de septiembre de 1855, día en que el obispo fue a bendecir la modesta capilla del Sagrado Corazón ("pura joya de estilo granero..", como decía ese querido Padre). Ese día, el P. Chevalier formó el proyecto de levantar un altar consagrado a María y de honrar a la Virgen con un título especial (tal como lo había prometido con el P. Maugenest en el "Contrato" de enero 1855). Y es entonces cuando le hubiera venido el nombre de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. Se puede pensar que hay que volver atrás, muy atrás, si no para el nombre propiamente dicho, a lo menos para todo lo que contiene y significa.

 

El P.  Chevalier tenía  una  gran devoción a la Virgen Santísima, como todo el clero del siglo 19 y, de manera general, todo el pueblo cristiano de ese tiempo (lo que sabía también Nuestra Señora, pues el siglo 19 fue la época de las grandes apariciones: 1830, calle du Bac; 1846, la Salette; Lourdes en 1858; Pontmain en 1871; Pellevoisin en 1876). Por supuesto, Julio había sido consagrado a la Virgen Santa por su mamá el día de su bautismo. Y, de la formación recibida de los Sulpicianos, había conservado una gran devoción al Corazón Inmaculado de María. En todas sus oraciones, María estaba presente. La asociaba a todos los acontecimientos de su vida.

 

Ahora bien, el acontecimiento más importante es su "descubrimiento" del Sagrado Corazón y la conmoción sentida por él. Ya, cuando había fundado su pequeña asociación en el Seminario, había insistido en asociarle Nuestra Señora. Quería que se dijera: "Caballeros del Sagrado Corazón y de Nuestra Señora". Pero era demasiado largo y se tomó la costumbre de decir: ".. del Sagrado Corazón" solamente. Pero cuando Cristo le fue revelado como el Amor hecho hombre, el lugar de Nuestra Señora en su vida fue creciendo. Era ella que había dado Jesús al mundo. Es ella que llevaba los hombres hacia Él ("Hagan todo lo que él les diga"). Y Jesús a su vez nos la había dado ("He aquí a tu Madre"), en el momento mismo en que su corazón iba a ser abierto por la lanza, dejando salir "el agua y la sangre", signos de todas las gracias cuya fuente es el Corazón. El "descubrimiento" de Jesús bajo su verdadera luz, traía necesariamente el descubrimiento de María bajo una luz nueva. Y si, en ese momento, Julio Chevalier no inventó el nombre de "Nuestra Señora del Sagrado Corazón", debió en adelante orar a María como a la que nos ha sido dada por el Sagrado Corazón, y la que nos conduce al Sagrado Corazón.

 

Preocupado  como  lo  era  Julio Chevalier de llegar a ser con Cristo el "religioso" del Padre, hombre de la alianza entre Dios y los hombres, ¿cómo no hubiera visto en María una "religiosa" perfecta, que une a su Hijo con los hombres y los hombres con su Hijo? Pero eso es tan grande, tan inmenso. Quizá pensaba que un simple nombre, un simple título no podría nunca contener todo lo que había descubierto en María. Para decirlo todo de Jesús, bastaba con hablar del Corazón de Jesús; era un símbolo completo, total, que expresaba bien todo el amor de Cristo. Pero, ¿cómo decir en una palabra que María nos da todo el amor de su Jesús, y que ella le confía todo nuestro amor?

 

Un día, esperaba yo el tren en el andén de la estación. Un amigo se encontraba, por casualidad, en el mismo andén. "¿Qué haces aquí?", me preguntó. "Ya ves. Espero el tren de París.” “¿El tren que va a París... o el que viene de París?"

 

Para  mí,  fue  una  iluminación repentina,  pues  de  una  vez  hice  la comparación: Nuestra Señora del Sagrado Corazón. A la vez, Nuestra Señora dándonos las  riquezas del  Sagrado  Corazón,  y mostrándonos el camino del Corazón de su Hijo.

 

La misma iluminación le vino al P. Chevalier. Desde entonces  consideró "Nuestra Señora del Sagrado Corazón" como el nombre que estaba buscando. Completo: lo decía todo.  Conserva el nombre en el secreto de su corazón. Es solamente en el momento en que comenzó la construcción de la Basílica en 1857, y que se presentó nuevamente la cuestión del altar consagrado a María, que se atrevió a hablar con sus compañeros (Maugenest estaba todavía). Y, frente al asombro que suscitó, explicó brevemente, pero de manera clara y completa, el significado   del título. Es prueba de que lo había meditado largamente.

 

El P. Piperon explica que el P. Chevalier, después de haber tenido la intuición del nombre "Nuestra Señora del Sagrado Corazón, esperó dos años antes de hablar de ello con sus compañeros, y dos años más antes de darlo a conocer al público (1859). Entonces cuatro años por todo. Y continúa diciendo que esa larga demora fue querida por el P. Chevalier para estudiarlo a fondo según la Sagrada Escritura y la Tradición y asegurarse de que ese título correspondía a la doctrina de la Iglesia. Solamente cuando estuvo seguro dio a conocer a todos ese secreto tan caro a su corazón. De ese largo trabajo de meditación en la oración, queda un tomo grueso: "Nuestra Señora del Sagrado Corazón, según la Sagrada Escritura, los Santos Padres y la Teología". "Era, dice el P. Piperon, un monumento de ciencia católica y de  erudición".  Hubo  cinco  ediciones sucesivas que se vendieron rápidamente.

 

En el siglo pasado, se oraba mucho para encontrar solución a los problemas materiales. Había menos instrucción y mucha  pobreza. El desempleo o la enfermedad del padre de familia llevaban a la miseria. Y sobre todo los cuidados médicos no alcanzaban el nivel de hoy. Y entonces, en todas las miserias que podían sobrevenir, se tenía el sentimiento de que el Cielo, y sólo el Cielo, podía intervenir..

 

Por eso, el P. Chevalier encontró una amplia audiencia cuando presentó a Nuestra Señora como la "Tesorera del Corazón de Jesús", la que puede conseguirlo todo de su Hijo, la que es la "Esperanza de los desesperados". No es falso, teológicamente, pero es muy restrictivo. El P. Chevalier se dio cuenta pronto del peligro, y no se dio tregua, en los años siguientes, hasta aclarar bien su pensamiento. Hizo resaltar las bellezas de María, bendita entre todas las mujeres, elegida por Dios, colmada de gracia, subrayando sus estrechas relaciones con el Salvador de los hombres, y su lugar en la historia de la Salvación. Una fórmula suya puede quizá ser considerada como la definición de la devoción a Nuestra Señora del Sagrado Corazón: "El fin.., es honrar a la Santísima Virgen María bajo el título especial de Nuestra Señora del Sagrado Corazón en las relaciones de amor inefable que existen entre ella y el Sagrado Corazón cíe Jesús". El poder de intercesión de Nuestra Señora es mencionado solamente después, como una consecuencia.

 

En el fondo son los mismos pasos que seguimos al rezar el "Dios te salve, María..".   Comenzamos   alabando y admirando a la Virgen, llena de gracia, íntima del Señor, bendita entre todas las mujeres y Madre del Salvador. Solamente después, y por todo eso, podemos decir: "Ruega  por  nosotros...  ahora..".  La insistencia se pone en el bien principal que queremos conseguir: nuestra unión con Dios: "Ruega por nosotros, pecadores…".

 

Por eso, más tarde, por fidelidad al espíritu del P. Chevalier, se cambió la oración "Acordaos" a Nuestra Señora del Sagrado  Corazón,  (compuesta  en  los primerísimos años por el P. Jouët) por otra, el "Acuérdate", que expresa mejor todavía todo su pensamiento: celebrando primero las maravillas que hizo el. Señor por María, pidiéndole que nos ayude a vivir en el amor de su Hijo, que conduzca a todos los hombres  a  la fuente  de  agua  viva.. Solamente  después  le  reiteramos  toda nuestra confianza, porque ella es y será siempre nuestra Madre. Llamar a María "Nuestra Señora del Sagrado Corazón" es la manera más bella de expresar todas las relaciones que unen a María con el Dios-Amor. Pero es finalmente ser llevados a descubrir ese Amor de Dios para con nosotros, y a vivirlo como la que fue siempre "la esclava del Señor".

 

Muy pronto, hubo otros cambios. Las primeras imágenes de Nuestra Señora del Sagrado Corazón representaban a María, con las manos abiertas para acoger y para dar, y delante de ella el niño Jesús, a los doce años, mostrando al mismo tiempo su Corazón y designando a su Madre (es la bella estatua del santuario de Issoudun, la que fue coronada en 1869). Un poco más tarde, Roma pidió que se representara a María con su hijo en los brazos (pero éste muestra todavía su Corazón y a su Madre). Después de la publicación de imágenes extrañas que no  eran  de  Issoudun,  Roma,  siempre prudente, temía que algunos vieran a María como dominando a Jesús, ejerciendo su dominación sobre Jesús (una especie de Reina-Madre, con todo lo que ese término puede significar de negativo y excesivo). Mientras que el niño en los brazos daba mejor cuenta de las relaciones de amor creadas por la maternidad de María.

 

Hoy en día, se prefiere la imagen de Jesús en la Cruz con su lado abierto (es la mejor manera de representar al Sagrado Corazón). María está "de pie junto a la Cruz" mostrando, con una mano extendida, el camino de ese Corazón abierto a todos, y la otra mano abierta hacia la tierra para derramar sobre los hombres todas las riquezas que encierra: "la esperanza y el perdón, la fidelidad y la salvación.."

 

Nuestra Señora del Sagrado Corazón no está vinculada a una imagen particular. En otros santuarios, se venera una imagen (o una estatua) a veces muy antigua y digna del respeto más grande, pero que no se podría cambiar, pues expresa un aspecto particular de la riqueza de gracia de María. No hay nada que censurar en ello. Pero querer representar a Nuestra Señora del Sagrado Corazón es querer decirlo todo. Todo lo que se puede decir de María. Y eso, ninguna imagen lo podrá hacer perfectamente. Por eso,  no  se  estará  nunca  satisfecho completamente, aunque se busque siempre decirlo de una manera mejor. Sin embargo, cualquiera que sea la representación, es siempre en la fidelidad a la intuición del P. Chevalier que se busca esa expresión.

 

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