En este mes
de octubre de 2009 celebramos el 75º aniversario del XXXII
Congreso Eucarístico Internacional, celebrado en Buenos Aires en
1934. Ese congreso, según la opinión unánime de todas las
personalidades que concurrieron, comenzando por el Legado Papal,
Cardenal Pacelli, que luego llegaría al Supremo Pontificado con el
nombre de Pío XII, y las de todos los periódicos del país, fue una
manifestación de fe única en la historia de la Iglesia, grandiosa
y brillantísima, y por lo tanto la página culminante de nuestra
historia patria.
Para celebrar
ese aniversario Giorgio Sernani ha escrito una evocación y crónica
retrospectiva, que publicamos a continuación junto con una
invitación a celebrar muchas Misas y organizar muchos actos de
adoración eucarística como la mejor celebración, con el ruego a la
Santísima Virgen de que reviva ese espíritu de fe en neustras
generaciones, según nos pide Monseñor Oscar Ojea, Obispo de la
Zona Centro de Buenos Aires, que ha auspiciado y bendecido este
trabajo.
El autor
ruega disculpas porque faltan aún en este texto las fotografías y
el epílogo, además de algunas correcciones de diagramación,
debidas al apuro en publicar el texto, por el deseo de preparar
los espíritus para tan grande aniversario, lo que será agregado
oportunamente.
El libro será
impreso y publicado a la brevedad, con la ayuda de Dios. Para
reservarlo o adquirirlo se puede llamar al
011 4371 8964. (Desde el
exterior +54)
Georgio Sernani
de nuestra querida Argentina.
Vocación eucarística y mariana
de la Argentina
Un
ilustre visitante al Congreso Eucarístico llamó “Bandera
eucarística”, a nuestra Bandera, “que con los colores de la
Inmaculada y el Sol de la Eucaristía parece creada para un Congreso
Eucarístico” (Memoria Oficial del Congreso, tomo I, página 324)
Dios de los corazones
Himno Eucarístico de los argentinos
(Himno oficial del
XXXII Congreso Eucarístico Internacional
de Buenos Aires)
Letra de Sara Montes de Oca de Cárdenas
Música del maestro José Gil
¡Dios de los
corazones
sublime
Redentor,
domina las
naciones
y enséñales
tu amor!
Señor
Jesucristo
que en la
última Pascua,
tu Sangre
divina
diste antes
de darla:
tu Cuerpo y
tu Sangre
deseamos con
ansias...
¡En donde
está el cuerpo
se juntan
las águilas!
Es tuyo este
pueblo
de muchas
estirpes,
pues Tú
renovaste
sus fuerzas
viriles:
Es de Ella y
es tuyo,
lo guarda la
Virgen,
llegada en
carreta
por campos
humildes.
Conocen tu
nombre,
la urbe y el
río,
la línea que
es Pampa
y el germen
que es trigo...
y cálidas
notas
de timbre
argentino
saludan tu
hechura
de Dios
escondido.
Pasearon el
Corpus
por nuestros
solares
los hombres
que luego
fundaron
ciudades.
Y abrieron
los surcos
para los
trigales...
(Espigas dan
hostias
y leños
altares).
Antes que el
arado
rompiera la
costra
de la tierra
virgen
se elevó la
Forma...
¡Bandera tu
Cuerpo
fue en la
azul atmósfera!
¡Y el cáliz
dorado
fue el sol
de la gloria!
Manso Rey
que sellas
la tierra
argentina
con el sello
blanco
de la
Eucaristía:
La Patria se
aroma
de incienso
de Misa,
tú rozas los
labios
y alientas
las vidas.
En torno a
tu mesa
cien pueblos
y razas,
nutrió de
infinitos
tu oculta
sustancia...
Pequeñez
inmensa
que
multiplicada
es pan para
el hambre
de todas las
almas.
Buenos
Aires tiene en su historia un día divino, como no lo tiene ninguna
otra ciudad.
La cuidadosa
preparación espiritual del XXXII Congreso Eucarístico Internacional
que durante dos años trabajó el corazón de este pueblo, fructificó
en la esplendorosa primavera de 1934, que nuestros ojos vieron, por
un prodigio de la gracia, convertida en un otoño fecundo.
Prólogo de la Memoria del XXXII Congreso Eucarístico Internacional.