“Y les dijo: "Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo
impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. Les aseguro que el que
no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él".”
(San Marcos 10,14-15)
Debemos recibir el Reino de Dios, que es
el mismo Dios, como niños. Tal como lo recibió la Santísima Virgen
María. Plena de inocencia e inmaculada sencillez. De tal manera debe ser la
disposición de nuestro corazón.
Pero nuestra Madre también recibió a
Dios como Niño, en su corazón, en su vientre y en sus brazos. Porque Dios
también viene a nosotros como niño y por eso no podemos recibirlo de otra
manera que como niños.
Vean que fácil se hacen amiguitos dos
niños que nunca se conocieron antes. Que fácil se presentan, se reciben, se
tratan y comparten sus juegos, ilusiones y sueños. Dios viene a nosotros con un
Reino inocente, puro, inmaculado y santo como un niñito que recién ha nacido o
da sus primeros pasos. Un niñito que aunque no sepa hablar es la alegría del
corazón de sus padres.
¡Que misteriosos son los caminos de
Dios! El es Padre y nos ama como niños y además viene a nosotros como niños
para que lo amemos y aceptemos con un amor de Madre. Señor, que seamos como
María, una madre con corazón de niña. Que seamos como Tú, un Padre con corazón
de Niño.
Santa Madre, corazón de niña, ruega por nosotros.
Dios los bendiga y Santa Maria les
sonria,