"No son los que me dicen: 'Señor, Señor', los que
entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi
Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: 'Señor, Señor, ¿acaso
no profetizamos en tu Nombre? ¿No expulsamos a los demonios e hicimos muchos
milagros en tu Nombre?'. Entonces yo les manifestaré: 'Jamás los conocí;
apártense de mí, ustedes, los que hacen el mal'.
Así, todo el que escucha las palabras que acabo de
decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó
su casa sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes,
soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero esta no se derrumbó porque
estaba construida sobre roca.
Al contrario, el que escucha mis palabras y no las
practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre
arena. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes,
soplaron los vientos y sacudieron la casa: esta se derrumbó, y su ruina fue
grande".
(Mateo 7,21-27)
Los que vivimos en zonas
sísmicas bien sabemos de la importancia de un buen cimiento. Prueba de ello fue
que el sismo de Haití siendo menor en intensidad que el de Chile del año
pasado, produjo más de 200.000 muertes y en Chile menos de 800, si no me falla
la memoria. Es que las casas de Chile estaban mejor preparadas. Sus cimientos
eran más firmes que las pobres casas haitianas.
Y si Jesús hubiera vivido
en nuestra época, bien le habría venido la noticia de un satélite que fue
lanzado en esta semana y que no alcanzó su órbita y cayó al Océano Pacífico. El
satélite llevaba el nombre de “Glory”… Qué significativo ¿no? Toda la ciencia
de los mejores ingenieros del mundo no alcanzó para llevar a “Gloria” a la
altura que prometían… Lo mismo ocurrirá con nosotros si lo que nos impulsa no
es la firmeza y la potencia de la
Palabra de Dios aceptada y cumplida: nunca alcanzaremos su
órbita y terminaremos precipitándonos al mar, como el satélite y como la casa
construida sobre arena en medio de la tormenta…
En la Iglesia somos multitudes
los que decimos “Señor, Señor”. Y también multitudes los que decimos “Madre,
Madre”. Pero también muchos bautizados, grandes cantidades, no han establecido
la seguridad de su casa, de su alma, sobre la roca firme del Señor y del
Magisterio de la Iglesia. Hay
muchos que aún siendo consagrados y eruditos teólogos no obedecen al Papa.
Miles de católicos que critican a la
Iglesia y a su Doctrina milenaria basada en la Palabra de Dios. Y
pretenden que la Iglesia
debe “modernizarse” y adecuarse al mundo de hoy y sus caprichos. Y hasta hay “mariólogos” que no enseñan sobre
María lo que la Iglesia
ha enseñado por siglos…

Por mucho que opinemos,
discutamos y critiquemos o desobedezcamos al Papa, la roca de la Iglesia permanece
inconmovible porque esa roca es Jesús. Y el Papa es su Vicario, la roca visible
de Dios en la tierra. Y sobre esa roca El construyó su Iglesia. La única
Iglesia de Jesús. La Iglesia Católica,
Apostólica, Romana… y perseguida.
Si estas en una comunidad
cuyos pastores buscan los aplausos del mundo, y lo consiguen, con sus
declaraciones, actitudes y maneras de vivir, ten cuidado de no estar en una
casa construida sobre arena. Ten cuidado de no ir montado en un satélite que
nunca alcance su órbita…
Aférrate a María. Ella es la Madre de la Iglesia porque es Madre de
Jesús, Madre de la Roca
y Madre del Papa. Ella, que hizo siempre la voluntad del Padre Eterno, te
ayudará a ser fiel a Jesús siendo fiel al Papa. ¿Y porqué debemos ser fieles?
Porque es la voluntad del Señor.
¿Quieres entrar en el Cielo, en la órbita de Dios?: Se Santo.
Que el Señor Jesús los bendiga
y Santa María Reina les sonría,