“Al atardecer, los
discípulos se acercaron y le dijeron: "Este es un lugar desierto y ya se
hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse
alimentos". Pero Jesús les dijo: "No es necesario que se vayan,
denles de comer ustedes mismos". Ellos respondieron:
"Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados". "Tráiganmelos
aquí", les dijo. Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el
pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo,
pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los
distribuyeron entre la multitud. Todos comieron hasta
saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas.”
(San Mateo 14,14-21)
Todos tenemos dones que debemos poner en
manos del Señor para que el Señor los multiplique y sean dones para nosotros y
los demás. Dones que no son propios nuestros sino del Señor que nos los ha dado
primero.
La Virgen Santísima también tuvo sus dones y privilegios y todos, sin dejarse ni uno
solo para sí, los puso en las manos del Señor.
Era hija de Dios y estuvo a su servicio
siempre incondicionalmente desde su nacimiento. Y cuando el Ángel Gabriel le
anunció la mejor noticia de la historia de la humanidad, con su sí, aceptó por
Esposo al Espíritu Santo. Estos son sus dos pescados que puso instantáneamente
en manos del Señor Dios: hija y esposa de su hacedor.
Y al ser Esposa del Espíritu Santo y concebir al Verbo Divino se
hizo Madre de Dios y su Maternidad fue pan en manos de Dios. Y en virtud de su Maternidad
Divina se le multiplicaron otros dones en su vida: Su Inmaculada Concepción,
su Corredención al pie de la Cruz,
su Asunción a los Cielos en Cuerpo y Alma y su Coronación en los Cielos como
Reina y Señora de todo lo creado. Y estos son sus cinco panes: Madre, Inmaculada, Corredentora, Asunta y Coronada.
Y todos estos dones no fueron para si
sino para todo el género humano. Y se multiplicaron en Salvación y Alimento
para la Vida Eterna.
Y en manos del Señor Dios se
repartieron por toda la historia para que todo el que quiera coma y aún siguen
llenas las Doce canastas que son las Doce columnas de la Iglesia edificada sobre
los Doce Apóstoles cuya Piedra es Pedro, el Papa. Doce canastas llenas del Pan
del Cielo que vive en todos los Sagrarios del mundo entero y se multiplica en
cada Misa a cada instante de cada día desde donde sale el sol hasta el ocaso.
Nadie ha dado tanto a Dios como la Virgen María pues donó aún a su
propio Hijo. Ella fue la fiel imagen y perfecta discípula de Jesús, El cuál no
dudó hasta en dar su Vida en la
Cruz por nosotros.
Santa Madre de la generosidad, ayúdanos
a darnos sin temor y sin retaceos.
Dios los bendiga y Santa María les
sonría,