"Entonces una mujer cananea, que procedía de
esa región, comenzó a gritar: "¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi
hija está terriblemente atormentada por un demonio". Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: "Señor, atiéndela,
porque nos persigue con sus gritos". Jesús respondió:
"Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de
Israel". Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: "¡Señor,
socórreme!". Jesús le dijo: "No está bien tomar el pan de los hijos, para
tirárselo a los cachorros". Ella respondió:
"¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa
de sus dueños!". Entonces Jesús le dijo: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se
cumpla tu deseo!". Y en ese momento su hija quedó curada.” (San Mateo
15,21-28)
“A ustedes, que son de
origen pagano, les aseguro que en mi condición de Apóstol de los paganos, hago
honor a mi ministerio provocando los celos de mis hermanos de raza, con la esperanza de
salvar a algunos de ellos. “ (Romanos 13,15)
¿Y que será de occidente que siendo de
origen cristiano se vuelve cada vez mas pagano? Desprecio del hombre, aborto,
terrorismo, hedonismo, robo, corrupción, sodomia, violación, saqueos,
violencia, desprecio de Dios…
Porque la mayoría venimos de familias
cristianas y hemos sido bautizados. La mayoría, la gran mayoría, somos hijos de
Dios por el Bautismo. ¿Por qué vivir como cachorros? ¿Porqué vivir como
paganos?
¡Cuánto retroceso experimentamos entre
los que han sido marcados de manera indeleble por las aguas del Bautismo y son hermanos de Jesucristo! ¡Cuanta oscuridad hemos dejado que entre en el corazón
de nuestros niños habiendolos llevado un dia a la Comunión Eucarística
con el Señor para luego alejarlos y llenarles el alma de porquería mundana! Con
el Apostol podemos decir:
“Siento una gran
tristeza y un dolor constante en mi corazón. Yo mismo
desearía ser maldito, separado de Cristo, en favor de mis hermanos, los de mi
propia raza.” (Romanos 2,3)
De nuevo, como San Pablo, debemos predicar
la Cruz de
Cristo y la Buena Noticia
de la Salvación
entre paganos. ¡¿Que hariamos por nuestros hermanos?! ¡Que ya no nos une una
raza humana sino divina, pues todos somos estirpe del Señor! ¿Por qué tanta
desconfianza en Dios y en sus promesas? ¿De donde vino tanto desamor por Dios y
sus hermanos? ¿De donde tanta desidia e ignorancia? ¿De donde tanto frio? ¿De
donde tanto conformismo que ya no permite discernir el mal del bien? ¿De donde
que todo sea aceptabe según el gusto personal y no según la Ley de Dios?
Envian a sus hijos a catequesis pero no
van a Misa. Visitan a San Cayetano pero odian a familiares. Se dicen devotos de
la Virgen del
Carmen pero aceptan el aborto en “algunas condiciones”. Se dicen católicos pero
reniegan de la Iglesia. Miran
con extrañeza una procesión de Corpus pero alaban respetuosamente a la pacha
mama. Creen en Ángeles y también en duendes y hadas. Si se enferman cuelgan un
Rosario en la cama pero acuden a un chamán. Creen que Dios no los escucha y
acuden a una tarotista. Reniegan de las imágenes del Señor y su Madre pero
defienden a capa y espada su propia imagen. Se dicen pastores y en lugar de
unir, dividen. Son incluso sacerdotes y no creen en la presencia real del Señor
en la Eucaristía. Son
consagrados a Dios y van tras amores mundanos. En definitiva, le llaman bien al
mal y mal al bien. ¡En definitiva, todos somos pecadores!
A pesar de todas las insidias del demonio, que nuestra Fe no
decaiga. Poder ver lo que realmente ocurre y darnos cuenta de que nos hemos
alejado, puede ser la gran oportunidad de ir a postrarse a los pies del Señor a
rogar que nos cure de nuestras hemorragias de fidelidad. Si a quien no era pagana,
el Señor mostró misericordia ¿Cuánto más no hará por sus hijos que vuelvan a
Casa? Y si la mujer pagana intercedía por su hija ¿Qué no hará la Madre de Dios por sus
millones de hijos extraviados o confundidos en estos tiempos de oscuridad?
Tomados de su manto digamosle con fe al Señor:
"Tú eres El Único y Solo Dios,
El Justo. Tú eres, en efecto, El Cordero, Tú eres nuestro Padre Celestial.
¿Cómo hemos podido estar tan ciegos? ¡Oh, Santo de los Santos, sé en nosotros,
vive en nosotros, ven, oh Salvador!"
Santa Madre de las lágrimas, intercede por nosotros tus
hijos, intercede por la
Iglesia toda.
Que Dios los bendiga y Santa María les sonria.